Fundación Instituto David Hume

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viernes, 30 de mayo de 2014

Hume and Humboldt

Divergent dichotomies are not unusual to be found in Hayek’s writings. Besides the essay “Two Types of Mind”, we have his 1945 lecture “Individualism: True and False” on the difference between the British Enlightenment and the Continental Rationalism. Grounded in Edmund Burke’s Appeal from the New to the Old Whigs, Hayek traces the origin of true individualism to Bernard Mandeville, David Hume, Josiah Tucker, Adam Ferguson, Adam Smith and Edmund Burke himself. The XIX Century adds Lord Acton and Alexis de Tocqueville to the list. On the other hand, Hayek states that Jean Jacques Rousseau exemplifies the Rationalist individualism, which postulates isolated and self-contained individuals –whereas, for the former, the individual is determined by his existence in society. The “true variant” of individualism is the notion of “subject” of Hume’s philosophy: the outcome of repetitions, expectancies and habits. Finally Hayek concludes his lecture with the censure to the German type of individualism, rooted in Wolfgang v. Goethe and Wilhelm v. Humboldt: the individualism expressed in the original development of the personality and defended in J. S. Mill’s On Liberty.

Notwithstanding in this 1945 lecture Hayek claims that this German individualism of self-development has nothing to do with what he regards as true individualism and it is “an obstacle to the smooth working of an individualistic system”, much later, in “Law, Legislation, and Liberty”, he will restate his opinion on Wilhelm v. Humboldt’s legacy.

This reconsideration of the value of liberty as the development of the unique and particular character of an individual will be acknowledge not only regarding legal theory but as well in his 1976 proposal of denationalization of currency. In his late writings, Hayek will endorse the development of the originality of character as an important trait for the competition to work as a discovery process.

The key to understand his shift onto this new type of individualism is closely related to Hayek’s involvement into the ideas of cultural evolution. The “true individualism” was important to state how a society can achieve certain order. The “Humboldt’s individualism” is needed to explain the dynamic of the evolution of that order. Hume’s notion of subject is related to the ideas of integration and convergence, to how an order may emerge. Humboldt’s ideal of self-development of the unique and original character of each individual implies differentiation and divergence. These two traits are the key to the adaptation to the changes in the environment that defines the notion of blind evolution. A social and political system that assures the development of differences has keen aptitudes to survive to the changes in its environment. At the level of the “true individualism”, individuals are made of institutions, repetitions and expectancies. But at the level “Humboldt´s individualism”, successful institutions are made of differences, divergent series of facts and adaptation.
(Originally published in www.fgmsosavalle.blogspot.com)

viernes, 16 de mayo de 2014

Normas, decisiones y complejidad

Hace pocos días, se publicó en el sitio americanscientist.org un ambicioso artículo sobre el concepto de lo aleatorio. El autor, Scott Aaronson, trataba de elucidar bajo qué criterio podíamos distinguir una serie aleatoria de números de otra serie de números ordenados conforme cierto patrón, difícil de determinar, pero estructurante al fin de un orden en la serie. En otras palabras, si una computadora arrojaba "aleatoriamente" un número "9" y luego otro número "9" y luego otro y otro, ¿estábamos ante el resultado del azar, que se juega en cada nueva jugada, o ante un patrón que podía expresarse en una fórmula? ¿Si de repente apareciera en la serie un número 4, eso confirmaría el azar, o nos indicaría que nos encontramos ante un patrón más complejo?
Aaronson propone en el referido artículo, como criterio identificatorio de un número aleatorio, la característica de no ser susceptible de reducción a un algoritmo más simple. La explicación aparece como plausible y tiene un gran poder de seducción. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, tal conceptualización no permite distinguir azar de complejidad. Friedrich A. Hayek se inspiró en Kurt Gödel para proponer, como caracterización de un fenómeno complejo, aquél sobre el que, en atención a la heterogeneidad de sus elementos, ninguna teoría puede ofrecer su descripción completa, es decir, que no puede expresarse en un algoritmo más simple.
La noción de fenómeno complejo tiene sus raíces en el empirismo de David Hume: las relaciones entre los términos (una serie de números, por ejemplo) no se encuentran en los términos mismos, si no que son atribuidas por el sujeto (en nuestro ejemplo, le adjudicamos un patrón a aquella serie de números.) Desde el momento en el que el conocimiento general no proviene de los hechos si no que es atribuido a los mismos, tal conocimiento general no nos permitirá agotar el conocimiento de lo particular. En otras palabras, siempre habrá un elemento empírico en toda teoría.
Para continuar con nuestro ejemplo: podemos enunciar un patrón que explique la sucesión de una serie de números, pero estamos expuestos a que aparezca un nuevo número en la serie que nos obligue a revisar nuestra teoría. Cuando aparece un nuevo acontecimiento que se escapa a nuestras expectativas, lo que hacemos es reajustar la noción de orden que le atribuimos a la realidad. Lo que hace que una serie de acontecimientos configure un orden o estructura, y no sea caótica o aleatoria no es, por consiguiente, que las expectativas en torno a los acontecimientos siempre se cumplan, si no que exista un rango de acontecimientos que nunca se verifique, en otras palabras: que determinadas expectativas sean sistemáticamente frustradas.
Igualmente, la confusión entre azar y complejidad puede ser fecunda y arrojar más luz sobre la naturaleza de la segunda. Por ejemplo, Nicolás Maquiavelo culminaba “El Príncipe” con la afirmación de que la iniciativa era la virtud fundamental del político, ya que la fortuna tendía a favorecer más al arriesgado que al cauto. En términos poblacionales, vemos más hombres de éxito con iniciativa que sin ella ya que, para resultar exitosos, se tuvieron que conyugar dos situaciones: la decisión de asumir riesgos y que la oportunidad favorable efectivamente se haya presentado. En el conjunto de políticos sin éxito encontraremos a los cautos y también a los arriesgados (que no tuvieron suerte). Va de suyo que podemos sustituir “fortuna” por “complejidad” sin perder mucho del sentido de la idea.
Asimismo, The Economist publicó la semana pasada un interesante artículo sobre la relación entre la estructura del azar y laestructura de las decisiones. Todo parece indicar que efectivamente existen buenas y malas rachas, pero ello no se debe al azar si no a la estructura de decisiones que se toman frente a una situación difícil o imposible de comprender. Un jugador tiene a la suerte de su lado cuando, luego de ganar la primera apuesta, en las sucesivas va reduciendo su exposición al riesgo. Correlativamente en este caso, a menores riegos, menores ganancias pero también menores pérdidas, con lo que el resultado neto de todo el conjunto de jugadas es positivo. Paralelamente, si un jugador pierde en su primera apuesta, incrementar el riesgo de las sucesivas con la idea de compensar la primera pérdida sólo lo llevará a la ruina. En síntesis, una muy buena estrategia para lidiar con el riesgo es actuar como un sistema de retroalimentación negativa: a cada desvío del promedio estándar, responder con mayor moderación. Después de todo, la comparación con un sistema de retroalimentación negativa era la caracterización que F. A. Hayek hacía de la función del derecho y de todo sistema normativo en general, aportando mayor estabilidad y mejores resultados netos.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Algunas consecuencias del Ultimatum Game

En nuestro grupo de discusión sobre "The Rational Optimist", de Matt Ridley, surgió la interpretación que este autor propone sobre las consecuencias del experimento conocido como "The Ultimatum Game”. En este juego de dos participantes, a uno de ellos se le entrega una suma de dinero con la condición de que la comparta con el segundo. A tales efectos, deberá formularle una única oferta, no negociable, sobre cómo compartir el premio (50-50; 60-40; 90-10; 99-1; etc.) y el segundo puede aceptarla o no, en cuyo último caso ninguno de ellos se llevará nada. Participando varios individuos de este experimento, quien obtenga la mayor cantidad de acuerdos, habrá dado con la fórmula de distribución de "utilidades" que comúnmente se considera como razonable.

Si bien son numerosas las conclusiones que surgen del experimento, Ridley, a los fines de su argumentación, elige resaltar la siguiente: por regla general, en las sociedades habituadas al comercio, la fórmula que agrupa la mayor cantidad de acuerdos es "50-50", mientras que en sociedades poco habituadas al comercio, la mayor cantidad de acuerdos obedecen a una ratio de 85-15 y afines. Ridley propone interpretar dichos resultados como un indicador de que las nociones de equidad están más extendidas en sociedades estructuradas en torno al intercambio comercial, ya que no sólo la regla de 50-50 fue la más exitosa en los experimentos desarrollados en estas sociedades, sino que también dicha fórmula es la más extendida entre los proponentes de los acuerdos.

Lo contraintuitivo de los resultados del experimento (y de allí su interés) estriba en que lo que sugiere la teoría de la elección racional es que, en un experimento de tales características, sería de esperar que fórmulas como "90-10" fueran a ser aceptadas -desde el momento en el que el segundo participante estaría mejor con algo que con nada. No sólo eso, también tendría que esperarse que la propuesta "90-10" sea la más formulada por el primer participante –ya que no habría razones para que el segundo participante la rechazara. Sin embargo, al menos en la sociedades estructuradas en torno al comercio, los participantes rechazan las ofertas que no consideran equitativas y, más aún, las ofertas no equitativas ni siquiera son formuladas. Como dijimos, de esto se pueden seguir numerosas hipótesis como, por ejemplo, que la equidad entraría dentro de la función de utilidad de los participantes, o que éstos actúan irracionalmente inducidos por efectos de encuadre, etc. La conjetura de Ridley -las sociedades mercantiles son más proclives a acuerdos equitativos- es la más cercana a la nuestra. A continuación explicaremos por qué.

Explicaciones como "la equidad debe estar incluida en la función de utilidad" o "los participantes actúan irracionalmente" comparten presupuestos tales como que lo particular puede ser conocido a partir de lo general y, viceversa, que pueden formularse principios generales mediante la inducción a partir de casos particulares. La explicación de Ridley, en cambio, introduce un dato empírico: si bien se maximiza utilidad eligiendo algo en lugar que nada, existe una noción de equidad dada en determinada sociedad, que no necesariamente tendría que darse en otra y que no puede deducirse de la teoría de la elección racional. Por supuesto, una vez que tenemos identificado tal dato empírico como característico de una sociedad dada, podemos incorporarlo a la teoría aplicada para ese tipo de sociedad. Como ocurre en este caso, en cuanto Ridley afirma que la equidad se encuentra más extendida en sociedades habituadas a los intercambios comerciales que en las que no lo están.